viernes, 12 de marzo de 2010

Sal al sapo



El alcalde y su portacoz
son dos personajes
que mandan sin ton ni son.
El uno, socialista de ocasión,
la otra, independiente
de salón comedor.
La una taimada,
el otro felón.
Gobiernan la villa
en esta ocasión
bufando sapito,
escupiendo sapón.

Homenaje a Jorge Guillén, del poema Sapito y Sapón, 1942.

miércoles, 10 de marzo de 2010

martes, 9 de marzo de 2010

Umar Jayyam en Jerusalén



En la prensa leo una breve noticia
que anuncia el hallazgo de un cerámica
del siglo XIII en Jerusalén,
decorada con versos alárabes
del más dulce poeta de Persia.

Irónico destino
el que otorga el vino;
Umar Jayyam, excelso cantor
por el don de la ebriedad tocado,
en tierra santa escanciado;
¡qué mejor morada
para bardo tan amado!.

Si algún día acudo vagabundo
ante el templo de Salomón,
allí recitaré en el muro y en su honor
el Cantar de los Cantares junto
a sus celebradas cuartetas:
He visto a un solitario en el desierto;
ni musulmán ni hereje, sin riquezas,
sin Dios, verdad ni ley, sin certidumbre.
¿Tiene alguien más valor en este mundo?

miércoles, 3 de marzo de 2010

De Valdeavero su geografía e historia por ser villa muy tranquila y meritoria



VIII

Si en el medievo,
la tierra de Valdeavero
fue atalaya y frontera,
destinarse a pacífica vivienda
y a granero de trigo fuera
a partir de la Edad Moderna.

Los vecinos más esclarecidos
anhelan ser villa libre y soberana;
la Corona imperial, de fondos necesitada,
tasa el privilegio nunca avenido
de muchas poblaciones de España.
Las Relaciones Topográficas,
por el rey ordenadas,
de muchas ciudades, lugares y villas
determina la guita que puede ser extraída.

El segundo Felipe de los Habsburgo
el privilegio de villazgo vende
a Valdeavero en 1.583 un 12 de noviembre
por casi millón y medio de maravedíes
a los que asciende tan elevado convoluto.
Así fue Valdeavero esforzada
por vez primera villa libre,
de sus vecinos solamente gobernada,
ya no de señores de iglesia o nobles,
sino de la Corona sólo deudores.

Libres, pero pobres, los pocos vecinos cotizantes
menos pueden contra plagas, pestes y calamidades constantes
con los que pagar los impuestos reales tan agobiantes.

En situación tan precaria y expuesta,
los vecinos no tienen más remedio
que poner la villanía en venta
al mejor postor y dueño
de cuantos en la Corte se ofrezcan.